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ALMA MATER CRÓNICA (Parte IV de VIII)


Martes, 11 de junio del 2013.
Cuaderno Vinotinto.
(Escrito con tinta roja para no confundirlo con algún otro)


IV

“La reivindicación salarial en un país donde el modelo económico es el motor del pensamiento político es un tema delicado. Para nadie es un secreto que este modelo económico nacional naufraga. Se hunde entre  conflictos proselitistas cuya presión entre las partes dominantes ha dejado a la gente en el medio. Sufriendo de un enorme desasosiego y de una arrechera inmensa que al polarizarse solo nos cristaliza el odio entre nosotros. Los últimos lobbies del estado con sus detractores se han llevado bajo las condiciones más radicales. Por ejemplo tenemos el caso de la manipulación neoliberal de los alimentos de primera necesidad por la empresa privada, la amenaza de fractura dentro de las fuerzas armadas o la compra y venta de los medios de comunicación -no los más veraces sino quizás más influyentes- como medidas de presión y desesperada estrategia política entre ambos bandos.  Bajo esas amenazantes condiciones, el estado en su posición más deprimente -y con todo el patetismo que cataloga un gobierno en luto por si mismo- y la quebrada derecha venezolana han jugado sus cartas por debajo de la mesa. Posteriormente cada parte enarbola la mas romántica bandera blanca y la vida continua. Y todos los de abajo nos mantenemos igual de arrechos. Es un terreno donde se han cultivado al menos unos treinta años de puro veneno.

El conflicto universitario consiste en la negativa de plano entre ambas partes para negociar. La postura hostil de las federaciones y la arbitrariedad del ente administrativo a construido un enorme muro alrededor de cualquier postura a favor o en contra. Prolongando la discusión por meses; cayendo posteriormente en la omisión completa de la lucha docente por parte del gobierno y la paralización ilegal de la universidad instada por las federaciones. Nosotros los estudiantes desde una acera cuya plural ideológica es la constante, donde la autonomía de criterios es la que mueve y sostiene la tolerancia académica; debemos en primer lugar funcionar de puente conciliador entre las partes. Ser esa alternativa al dialogo que solucione prontamente el problema. No dejarnos manipular con luchas que no son nuestras y atropellan nuestros derechos ineludibles, culpando ya sea al estado a la administración universitaria de nuestros males atávicos que nos fracturan desde dentro.  Porque en el fondo nada más nosotros -al rendirle cuentas al tiempo- seremos culpables de nuestra propia mediocridad y cobardía al momento de luchar por entablar un dialogo entre esas partes cegadas por sus sanguinarias luchas partidistas. Nosotros podemos hacer esa diferencia.

Cerrar la cicatriz, dejar de ser herida”



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NM.Nro9: Raspado de Lechosa.


El raspado de hoy salió premiado con larvas de lechosa y se lo regale a Mortadelo al final de su acto. El hombre es un viejo que hace trucos con naipes pornográficos sobre una mesa plegable cuando la noche camina floja sobre los chuzos del viaducto Campo Elías. Es un tipo bien particular, porque solo rasura la mitad de su cara. En el extremo derecho de facciones, una espesa barba blanca se enmaraña milenaria full de piojos y su circo. -Yo no trabajo que trabajen los burros. Yo no trabajo que trabajen los burros. Yo no trabajo que trabajen los burros- murmura un muchacho en muletas con cicatriz enorme en la mollera, que narra una lobotomía cabilla que seguro le voló un sesenta por ciento de su masa encefálica. Su cabeza se hunde y se abolla ennegrecida. Como un páramo rasurado y desolado por las maquinas de la alcaldía local para construir ranchos prepagados. Enciende la pipa, quema aluminio y piedra azulada. Le entrego cinco bolívares falsos y le digo: -coño marico, no te fundas la otra mitad de tu mente, es lo único que te queda.- Detesto cuando dicen que escribo realismo sucio. Me siento como un marica purista católico hablando de putas y pistolas cuando la cebada de la solera verde lo seduce intranquilo. Siento que creen que me parece hermosa la manera en que la juventud acaba con su vida pagando veinticinco bolos por bicarbonato y acetona pensando que es buen perico. Ciegos de fe, rezando en que entre la nota del pan con queso les bajé a la virgen maría desnuda. Así, bien chica polar. Para sacarlos volando de las colinas sin friso. 75 bolos cuenta una bala en milímetros para cualquier calce. 75 bolos multiplicado por quinte o veinte disparos ajuntares de cuentas da para comprar dieciocho pollos mercalenses y suficiente arroz, mayonesa y leche para comer dos meses. A los escritores es natural que no nos gusten los números. Pero compadre, a mí jamás me habían dolido tanto las matemáticas. mucho numero full de sangre. 

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Este país me aturdió catira
no puedo escribir ya, sin botar sangre por la boca
solo quiero irme contigo en este preciso instante
a respirar el aire antiguo de una salina abandonada.

Catira; las cosas han cambiado mucho desde que te fuiste
abriéndote camino emocionada en Maiquetía
cuando partías envuelta en llamas tornazules
con las maletas abarrotadas de tanto futuro.

                             Te pido encarecidamente
que me mandes unos cinco mil besos por Skype temprano             
haciendo todas mis mañanas niqueladas
durante los próximos quince días.

La gente está triste, eso si te cuento
esta triste, entre el sonido de las noticias de la radio
 trabajan todos en un silencio arisco y fúnebre
          como quien nunca se reconcilia
           con el sueño de su hermano.

Perdí mi ritmo entre tantos gritos
-broncos afilados picado aire todos los días-
Entre tanta bulla, tanta mentada de madre cotidiana
que no se apagan con nada
hasta bien entrada la noche.

Perdi mi ritmo y mi boca es un borbotón coagulado y vinotinto
        que salpica poco a poco las letras del teclado
mientras pido en voz alta la sal más antigua de la tierra
para dártela en tus pequeñas manos  y me cures todas las nauseas

antes de desángrame, con todo lo que se desangra. 




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El Rey de los Ratones.



“Había una vez un ratón que vivía en una casa grandota. Era el roedor más feliz del lugar. Y un día cualquiera se da cuenta de que pusieron una trampa para atraparlo. El ratoncito asustado se va al gallinero y gritando le dice a la ponedora más grande: “Señora gallina, señora gallina, mire que pusieron una trampa en la casa y me quieren matar” y la gallina haciéndose la loca le dice: “Ajá y ¿qué quieres que haga yo? Ese no es mi problema hijo” y se voltea. El ratón consternado sale al corral y mirando a la chiva le dice: “señora chiva por la entrada de la casa pusieron una trampa ¡ayúdenme por favor!” y la chiva mirándolo con asco la responde: “¿tu vienes a interrumpirme con ese cuento? ¿Acaso no vez que estoy ocupada? Lárgate de aquí rata.” El ratón solo pedía muy triste ayuda y nadie le paraba; cuando por fin llego hasta donde el animal más grande, la vaca. Y llorando le dice: “señora vaca ayúdeme por favor, por fuera de la casa pusieron una trampa y me quieren asesinar. De verdad quítela necesito su ayuda. No le cuesta nada” y la vaca mirándolo de reojo murmura: “¿ujummm? Pues hijo déjeme decirle que usted verá como resuelve. Porque es a usted el que lo quieren matar. Yo no puedo ayudarlo” y lo ignoró. Al día siguiente en la trampa quedó atrapada una enorme de cascabel. Y ¡Zas! Mordió a la esposa del campesino dueño de la casa. Y se la llevaron al hospital. Allí el campesino tuvo que matar a la gallina primero para darle sopita a la señora enferma que bueno; se murió por el veneno igualito. Luego mató a la chiva para darle de comer a los invitados y rezanderos del velorio y luego tuvo que matar y vender la vaca para pagar la urna y el sepulcro. El ratón fue el único que quedo vivo. Sanito. Ese ratón soy yo. Y todo esto, toda esta ciudad, es mi casa”

Concluyó Fremman el místico indigente, su parábola mientras se acababá la corta del malboro. Beatriz y yo escuchábamos en silencio. Esperabamos al sol sentados en una de las fuentes de la plaza bolívar a las cuatro am. La noche es un sueño de fiebre. Todas las resacas juntas que he tenido en mi vida. 

A esta ciudad ya no se le puede sacar más nada. En la madrugada todo se desdibuja mal enfocado. Hasta como suena el piso cuando caminas parece lejano. Un eco tenue. Es un sueño pesado, ya lo dije. Un sueño que se parece a tragar barro espeso de desayuno. Los viernes últimamente se comen a sí mismos. Beatriz -como dos horas antes de la última escena- consulta el futuro con su indigente favorito sentada en la acera mientras afuera de la tagüara se caen a puñaladas. Ya ningún rostro es familiar. Sobrio, muy sobrio, espero que en cinco minutos sea mediodía y estar surfeando en las costas de falcón. Y que afuera en la arena me espere una negrita con un coco frío y whisky. 

Todos beben de la cisterna oscura. Salen de Biroska cansados y tristes. Agotados por el sueño y la fiebre. Una fauna gigante de criaturas enfermas.  Desfila frente a mi un ejercito de junkies, proxenetas, poetas, artistas y malditos. Bohemios de todas clases y tamaños. Hippies, inmigrantes ilegales, skaters, punkers, metaleros y beatniks. Putas, no tan putas y medio putas. Homosexuales, bisexuales, transexuales y hipsters enclosetados que les gusta sin vaselina. Piedreros, lluvia torrencial de piedreros cada cinco minutos. Piedreros sin roca, con roca y rocanroll. Gordas. Moralistas. Santeros. Tropas de lesbianas rugbistas. Mucho malandro últimamente. Mucho malandro montando en skygos afuera de la tagüara controlándole perico a los dillers sifrinos. Desechables, reciclables, nulos y ultranulos. Fresas en tacones buscando sexo sucio con algún artesano uruguayo o quizás un humanista desempleado. Viejos verdes, pintones o amarillos. Marineros y campesinos. Recojelatas. Chinos. Algunos Árabes. Guaros Intocables. Ningún policía. Todos los panas que no quieren crecer nunca. Peter panes. Narutos. Canserberos.  Monos anchos, gorras planas, mini-estereos con drum and bass atorrante. Mucha gente con cara de que son los más que tal. Cédulas falsas. Rastafaris, asesinos, evangélicos ligeros y traficantes. Vendepinchos, cargabolsas, tupamaros. Platanito, mani y tostón.  Adultos contemporáneos. Esta noche, todos me dan asco. La noche se vuelve un puño de nausea. 

Beatriz, vayámonos de esta mierda. 

“No te parece Parra, ¿qué deberíamos hacer realmente un manual de malandros para que sea la ley? Digo para hacer una vaina menos hipócrita. Algo hecho a nuestra imagen y semejanza. Algo que se acerque nuestro salvajismo. Que nos catalogue en rangos de malandritud. Porque coño, este país no hay ninguna ley que valga. Es el campamento de Cabrujas. No lo digo por parodiar, porque para parodias veo las noticias. Una ley del ojo por ojo. Una ley fuera de la ley y dentro de la misma. La gente se cree ciudadana. Y mira estos últimos meses ha salido lo peor de todos nosotros. Mad Max. Todos somos malandros, si así lo queremos. ¿Tu matarías a alguien Parra?.”


No sé cuantos cigarros se ha fumado Bea esta noche. Si fuma por hora podría calcular cuánto tiempo pasa sin necesidad de un reloj. El rostro de Beatriz es como de una porcelana delgada y frágil que podría quebrarse en cualquier momento. Y siempre, siempre está rodeado de humo. Tienes los ojos enormes delineados dramáticamente y los dientes prominentes como un roedor grunge. Mandibulea, su tono de voz es agudo. Caraqueño. Es una de las mejores bloggers que conozco y la conocí por blogger hace rato ya. Mira con odio a todos lo que pasan y le piden un cigarro, le quitan un cigarro o con un tono mormón le dicen: “¿sabes? Eso es veneno.” Un mujer dulce.  Ese viernes todos nos dejaron solos. "Nadie Nos Soporta Parra” dijo Beatriz subiendo las escaleras, para ir por la ultima birra a Tarantinos. A mí un traficante de armas gitano me brindo un trago con alegría dando gracias a Alá que aun estábamos vivos. Murmuró unas palabras en su idioma y dijo que qué raro que no estuviéramos muertos. Tu sabes, después de tantos años. De tanta mierda junta. En el underground todos parecen muertos o se mueren en realidad al cabo de un tiempo. En el underground todos están obsesionados con la muerte. Es el argumento que más se repite en esos bares rancios donde todos nos reunimos a lucir nuestras mejores miserias. He visto gente hablar de la muerte y conseguir sexo con ello. La muerte es la excusa. La muerte es la excusa de todos. Para ser así a diario. Para dar tanto asco. La sobremuerte, la ultramuerte, la submuerte, la santamuerte. Y todos parecen saber de lo que están hablando. Pero no es así. Realmente son un motón de gallinas asustadas en un gallinero polvoriento y oscuro. Unas chivas envidiosas comiendo basura amarradas siempre al mismo poste al lado de la carretera. Vacas de ubres sarnosas y gusanos en los cascos esperando a que hagan mondongo con ellas. Y ese ratón -como dice el místico indigente- es el único que sabe de lo que habla. Porque él no tiene miedo a morir. Sino más bien, teme a vivir con miedo. 

Beatriz se va casi a las cinco de la mañana en un mustang destartalado. 
Fremman me acompañan por el bulevar de la catedral hasta la cuadra de mi casa. 
- ¿crees que fui duro con ella? con eso de la vida y todo lo que le dije.- pregunta. 
- creo que estuvo bastante bien- contesto, exhalando vapor de mi boca.
-No hable solo para ella, tú lo sabes. – 
- pues si no lo notó, creo que le preste bastante atención hombre- 
- eres un muchacho sabio. Que ni fuma cigarro, eso es muy bueno- 

Enfrente de mi edificio hay una tienda donde venden santos. En la vidriera se ven iluminada la virgen maría. Una inmaculada grandota a través de la reja. Hay un pesebre también y muchos santos barrocos mirando a la calle. La luz que sale detrás de la virgen ilumina a un travesti rubio arrodillado frente a dos tipos con pinta de mesoneros. Esta mamando huevo con furia. Va rotando, mercantiliza la leche. Cambia de mano. Lo tipos se apoyan con fuerza en la reja del establecimiento de santos. Fremman se despide con una reverencia y agarra calle abajo. A esta ciudad ya no se le puede sacar más nada. La noche es un sueño oscuro de fiebre.



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NM.Nro8: Save us, Sasha.






















 A Mayé Rós Gutiérrez.

Santa Marina Ann, regresa y sálvanos de la tristeza. Eres un tren que silva en llamas entre la carne esponjosa que hace crecer los glandes solitarios. Lame el semén regado por todos los desiertos de la tierra. Pixeleate en videos gratis de baja calidad en las pantallas de esas ciudades gigantes que siempre soñamos en ruinas. Regálanos esperanza disfrazada de desesperación corriendo por las abruptas cataratas de rímel que brotan desde tus ojos. Llora mujer de arena. Llora haciendo una Gang Bang con todos los ángeles del cielo. Llora por la moral crucificada y arrogante de los últimos días de la humanidad. Eres la pureza de un niño rebuscando entre el basurero. Las alas de un colibrí cubiertas de gasoil reflejando el sol del domingo en la mañana. Sasha Grey. Santa Sasha Grey. Amadísima reina de los animales, Regresa. Eres el prozac de todos los que no tenemos futuro. 



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NM.Nro 5,6,7: Sopa, Seco y Jugo.


I

Soñé que estaba en algún lugar de Angola, escribiendo un poema de Andrés Eloy Blanco en la arena amarilla. Mientras al fondo del paraje se podía contemplar sin dificultad el incendio de una enorme refinería petrolera. Las llamas rugían con fuerza a unos kilómetros de donde me encontraba; tambaleando serpenteante la horizontalidad de la vista. Vi también como unos negros descamisados, en precarios camiones de bomberos, se dirigían levantando el polvo del desierto a apagar las monstruosas llamas. Estalla sin avisar uno de los tanques de almacenamiento. El humo cubre todo el azul-sepia del cielo. Siento la onda expansiva empujándome el pecho y me levanto del suelo. De repente a mi izquierda, aparece una gacela macho enorme de pelaje marrón brillante y cuernos plateados como el mercurio liquido. Extiendo mis brazos hacia ella y esta me acerca su húmedo hocico para que lo acaricie. Noto que dos hilos negros parten de sus cuencas oculares y se deslizan por su cuello y su pecho. Es sangre. La gacela no tiene ojos, esta ciega. El humo termina cubrir el cielo. Comienza llover cenizas.


II

En estos días me tocó asistir al velorio de la madre de un amigo, Camilo. Me perdí para llegar al salón en donde se estaba realizando el sepelio, ya que según era por la entrada del Barrio Campo de Oro, al lado del hospital. Agarre un bus de Los Chorros y terminé en el quinto carajo sin más que preguntar a cualquiera donde quedaba la Confraternidad. Un panadero con una mueca de congoja, me indico cuantas cuadras eran hacia arriba. -La negrita chico, que vaina tan injusta- dijo y salió a señalarme con su mano la dirección correcta. Cuando llegué y abracé a Camilo -con el pésame anudado entre la tráquea y el ombligo- me susurro que se me veía bien la chaqueta de cuero que cargaba y si portaba rial para comprar una de Bajo Cero ya que la noche sería larga.  En la licorería, le brindo rápidamente una fría y me cuenta sin que le pregunte que carajos pasó la noche anterior en el hospital. -La operación de inserción de prótesis en el fémur salió perfecta. Pero cuando la pasaron a piso, a trauma shock, no nos dejaban verla y las enfermeras le colocaban un montón de vainas que no necesitaba. A cada rato, en cada momento. Se comenzó a intoxicar, a hinchar, la envenenaron marico, la envenenaron. Ya cuando nos dijeron que se complicó, subimos a verla y parecía un fiambre enorme. No pudo ni decirnos nada. Se negaron a hacer autopsia, en esos casos quesque no se hacen. Cuando mi hermana fue a recogerla en la morgue la encontró tirada en una mesa desnuda como pedazo de carne, la herida de la pierna estaba fresca y le había grapado la piel. Le sacaron la prótesis. La mataron chamo. Esto es peor que cárcel. Aquí no puedes defenderte si te pican.- Y aguanta como un varón las lagrimas. La Confraternidad era un salón bastante grande. De paredes altas, techo de zinc y piso de cemento coloreado y pulido lleno de sillas plásticas, con varias mesas llenas de peroles a los costados. Alguien rezaba el rosario bien bajito al frente del ataúd y de forma fúnebre e inaudible un coro de tristes señoras respondía. La urna reposaba cerrada al fondo del salón con una foto de la mamá de Camilo sobre la tapa. Habían decorado detrás del féretro con terciopelo azul eléctrico a modo de cortina y a los costados se levantaban dos coronas florarles y varios cirios encendidos. Alguien me da un sándwich con diablito y  café en un pocillo de peltre. Mis amigos afuera hacen chistes, empollándose unos a lado de los otros para resguardarse del frío  Ron seco para todos. La madrugada pasa lento. Porque en los velorios la muerte le dice al tiempo que también guarde su luto.


III 

Cuando Escribí Mi Beta hace un par de años, lo hice  para recordarme a mí mismo un par de cosas en forma de jarta acerca de esos lugares comunes en los que se retorna como a un vicio bobo dentro de esta movida. Recuerdo que en esa época varios intelectuales de bonsai -de esos que mal cogidos desahogan todos sus fracasos en defender espacios académicos caducos- se picaron más que el ají chirel. Se aludieron. Y se pusieron magdalenas a reclamar cuanta babosidad personal encontraban sobre mí. Yo lo olvide con el tiempo y seguí mi juego. En creerme un prócer anarquista de la dos punto cero, renegado y negado a todas las formas de mamaderismo de huevo posible. En parte eso sigue así. Aborrezco al ochenta por ciento de los profesores de literatura –hombres- que conozco y a su ansia infinita de cerrarse en círculos mezquinos de conocimiento dogmático y su fantasía colectiva de ejercer definitivamente como proxenetas de las letras sobre esa amplia gama gafapasta de groupies literarias de segundo semestre de hispano. Los aborrezco enormemente. A ellos con sus divorcios, sus suicidios frustrados y su odio edulcorado pasivo-agresivo contra sus estudiantes más brillantes. Sus ganas de montar una editorial que manejen socarrones al mejor estilo del cartel de los sapos. Los aborrezco porque en fondo son personas muy tristes. Y al avanzar ya la carrera  y perfilar con más claridad que voy a hacer con eso, me da también bastante tristeza los compañeros que van camino a heredar ese reinado patético de difunción eréctil y libros usados. Eso no ha cambiado. Pero volviendo a lo de “prócer anarquista de la dos punto cero” terminé incluso por aborrecerlo cinco veces más. A mi amigos Bloggers que están leyendo esto: Chamos, sobreestimar las posibilidades del internet a la hora de generar una base fuerte sobre la que reposen y se distribuyan nuestros contenidos, es un error.   Esto se tornó incluso peor que la arisca movida de publicaciones ideologizantes de izquierda o los cobardes círculos académicos liberales, donde la mayor valentía que expresan son tres comentarios fúricos en twitter. Entro en la web y miren que me siento perdisimo. Esto, si no se usa con seriedad deforma el talento a cincomil. Se vuelve cualquiervaina. Se vuelve demasiado máscara. Lo autentico de nuestro trabajo pasa a permearse de rockstarismo balurdo, en donde rectificamos cada estupidez que decimos como si fuera arte, sabiduría, alta critica. La pomposidad rosada de los salones dandis del XIX no es nada comparada con los chanseos intelectualoides por DM, a las conversaciones colectivas ecoterroristas sin sentido, los mention y los likes con los que acariciamos nuestros egos de html. La endogamia es aun más triste. El hecho de compartir materiales, implica una situación casi sexual de donde salen vástagos gremblins, que si tuviese un escopeta les entraría plomo. Nos volvemos un tipo de farándula aún más patética, ya que lo somos sin salir de nuestros cuartos en pantaletas o interiores mientras recalentamos espagetis y jugamos left 4 dead. Con quien coño tiramos de la movida, a quien va dirigido el poema, de quien es la foto, que buena estuvo la rumba en donde destrozamos un hotel encendidos en ketamina con fulano, que es músico de tal banda marica, zutano que es escritor, y mengana que vende sus pinturas pelando las tetas en tumblr.  Una Neobohemia maldita, que la piedra me la tiene afuera y la ñema burda de lo azul. A trabajar coño, que esto no nos durará toda la vida. 

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Recordatorio.



Cuando salgas a la calle hijo
recuerda llevar con orgullo la escapula
de tus santos y tus padres
andar pendiente de todas tus retaguardias
ojo de garza y boca de chuco

repicar, antes que te repiquen.

Porque en la calle, hijo
Zamuro no pisa charco
respeta al que esta descalzo
por mas piedradura
que se ponga el martillo.

Cuidado al guindarte en puerta de la busetas
cuidado al dejar prensado tu carazón entre las manos de una mulata
cuidado con jibaros, sapos, drogadictos y hombres puta
porque en la esquina más improbable
siempre se enamoran del mas pendejo
pronto al destaje, pronto al coquero.

Con la mujer tuya
que te la miren, pero que no la toquen
Y si alguien le falta el respeto a una fibra de las letras de su nombre
un buen golpe sale desde el suelo a la cadera
de la cadera al puño, del puño a la cara
y de la cara al piso.

Nunca le temas a una hembra
por más alada que tenga la espalda
sostenle siempre la mirada
entrale seguro por la risa
camino que a diferencia del físico y la cartera
va directo al corazón
y no a la cama.

Trabaja, jodete y recontrajodete por ser honesto
por el camino derecho, por el del medio, por la puerta de enfrente
no estafes, no robes, no traiciones, no vendas drogas
porque por la puerta de atrás
siempre sacan a los que se las dieron de pilas
forrados en madera.

estando sano y sin meterte en peos
húyele a la cárcel y al hospital maldito
porque este par de Infiernos
solo se diferencian
por el instrumento que usan
para picar a la gente.

Si eres prudente
sé que no compraras armamento
pero si en algún momento te haces con un hierro para protegerte a ti y a los tuyos
acuérdate que la bala mas certera, es la que no se dispara
y si tu temperamento es rojo como las velas que le prendemos a Santa Bárbara
cuidate de los 3.8 
cuando se te vuelen los tapones
porque en este país
hay muchas pistolas
pero pocos cojones.

Tu familia va siempre primero
Andino, cerrero, campuruzo y gocho
cuídala feroz como un rockwiller de cemento
porque en las horas color de bachaco
nadie más meterá las manos en la candela
por tu indulgencia. Porque te salven.

La palabra es un contrato que no se firma
la mentira una mapanare traicionera
el amor una casa sembrada en el centro de la tierra
los amigos cuídalos, y encuéntrate en sus defectos
Y a los enemigos, antes que odio ten por ellos respeto.

Y si un echo de sangre
signa a uno de tu apellido
Recuerda que si no hay justicia, hay venganza.

Se que estas palabras
no son como la de los sabios que se encuentran en los libros
gruesos como bloque o un ladrillo
pero cuando la ciudad
muerda, porque muerte y bien duro
tendrás algo con que devolverle el colmillo.
Ama, vive y lucha por lo que sueñas
has que recuerden tu nombre
Y cuando salgas a la calle hijo
recuerda, por encima de todas las cosas:

Creer siempre en Dios
Pero nunca en la Policía.



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Spitfire Love.

A Gerardo Carvajal y Paola Franco.
Gente que cuando habla de la felicidad
siempre conjuga en plural. 


Con una navaja clásica de afeitar, rasuro mi rostro frente a un espejo empañado. Detrás de mi, te maquillas los ojos lentamente, luego la boca, los pómulos. Sonríes, me muerdes el hombro. Siempre te vez hermosa con vestido. Cuando la luz hormiguea sobre las sabanas de cuadritos tendías sobre la cama y los pico de plata trinan entre los apamates del patio.  Con calma enciendes un sachetero en la sala con esencia de mandarina para al instante colocar dos girasoles dentro de un florero de barro con símbolos warao. Terminas de peinarte y me indicas cuando tengo a medio poner una franela blanca, apagar todas las luces mientras tomas las llaves para abrir la puerta y salir de paseo.

Solo para mantener esa sonrisota que tienes cuando me miras algunas veces; decidí construirte un hogar con mis manos.  Para prometernos el uno al otro que de 36 en 36 y de 43 en 43 mediaríamos todo el mundo que pudiésemos caminar con esos bonitos zapatos que nos regalamos cada diciembre.  Siempre tendremos todas las ciudades que visitemos juntos. Aún la nuestra cariño con su eterno y agresivo Versus cotidiano. Versus que combatimos a diario en equipo. Turnándonos como leopardos boxeadores cada round, cada bus, cada boulevard de buhoneros. Curándonos por las noches las heridas de la calle con cenas echas de golpe, agua oxigenada, sexo de repuesto y pequeños ventiladores chinos que -a pesar de que se dañen rápido- nos ayudan a enfriar el zinc caliente de todo el día. El cariño no se prueba con aniversarios grandiosos, presentaciones prefabricadas a las familias correspondientes, cientos de fotos editadas, recuerdos varios y diálogos genéricos que salen con subtítulos histriónicos sobre nuestras barrigas a la hora del drama y el romance. El cariño se prueba cuando las cuentas del banco te cogen por el cogote al momento que la dependienta de la caja -luego de negarte un crédito- te desea un hermoso día sabiendo claramente que acaba de arruinártelo. El cariño se prueba cuando pasas la madrugada con calculadora en mano poniendo moneda sobre moneda, mirándose fijamente en silencio el uno al otro para concluir al unisonó que la única inversión sensata en ese instante son cinturones y correas que aprieten más duro los pantalones. Se prueba todo al tragarte la ira, la rabia y el resentimiento de nueve horas de trabajo –junto a gente que come mierda con cucharas de oro- para no ladrarle herido a quien solo quiere abrazarte y silenciar las jodidas noticias internacionales. Para seguir instándote a luchar, a nunca abandonar lo que se quiere, siempre siendo claro y honesto a pesar de que el cuerpo a veces ya esta cobrando tanto desgaste y erosión continúa. El cariño se prueba cuando los coqueteos escapistas entre copas extrañas, se estrellan contra unos sueños de bloque, cabilla, ladrillo y arena. Cuando todos esos inseguros caprichos se hacen añicos sobre esa pequeña Jericó; construyéndose poco a poco en un terrenito cercano a la casa de tus padres. Cuando la realidad se pone Waterloo, Estalingrado, Pichincha, o Pearl Harbor y sobre los cielos incendiados uno maneja el timón y el otro la ametralladora.

Cae nieve. Abrigada con nueve capas de lana, fibra polar, suéteres de diferentes tipos, guantes, gorros y bufandas, intentas levantar un puñado de hielo y granizo para estrellármelo en la cara. La Culata este llena de autos y de gente. Los robles y los pinos brillan escarchados mientras la cordillera filtra la luz a tonos casi violetas con su prisma glaciar y milenario. Estamos completamente anonadados. Te agarro fuerte para que no te caigas. Yo tampoco me puedo mover de lo envuelto en trapos que estoy. Sacas la cámara y justo cuando vas a tomar una foto esta se viene al suelo estrellándose contra las rocas. 

Solo nos quedó reír.

En un pequeño cafetín rural full de turistas que piden todo a gritos sin necesidad, sorbo un breve trago de chocolate caliente y mientras te observo revisar la pantalla partida de la cámara prestada, me doy cuenta entornando los ojos de que quiero -si tú me lo permites- enseñar a tus hijos a pintar con las manos. Quiero enseñarlos ha hacer papagayos. A nadar, a correr, a jugar pelota descalzos sobre la arena de una playa. Quiero enseñarles los nombres de todos los animales del mundo. De los dinosaurios, de las constelaciones, de la gente que luchó por lo valores de un mundo que a veces no creía en ellos. Quiero enseñarlos a amar como me enseñaron a amar a mis padres con su ejemplo. A querer a todas las criaturas buenas de la tierra. Enseñarlos a pelear para que nunca nadie se las monte. A comer lo que sea, cocinar lo que sea, preparar lo que sea y cuando sea. Quiero explicarles el mundo a nuestros hijos, no evitando que cometan nuestros errores, sino enseñándoles a aceptar los propios cuando los estos ocurran. Quiero verte mujer, colocarle la medalla de bachillerato al primero que se nos gradúe  Desesperada en la primera piñata, fiesta y rumba que asistan. Quiero cuidarlos, celarlos, tener tres perros grandotes – Yugo, Queen y Sué- que crezcan con ellos como fieles ángeles guardianes y no los desamparen ni de noche ni de día. Quiero verlos jugar con luces de bengala un fin de año a los alrededores del conuco y que tu vestida de gala con un racimo de uvas en la mano me mires orgullosa de todo lo que hemos levantado con el tiempo.

- ¿Qué piensas corazón, que te veo tan callado?- dices levantando la vista de la cámara.

- Que te vez bien bonita con ese gorro que te tejió mi mamá. Por cierto; que no se nos olvide el queso ahumado, que mira, si no la tuya si que nos mata-  contesto apurando el chocolate con la taza entre mis guantes.

Aprendí a amarte cuando la cotidianidad se nos llenó de milagros. Pequeños y frescos como tamarindos amarillos un día azul de mercado. Cuando la risa es una galaxia de tornasoles pavorreales saltando por la cama, la cocina y el comedor mientras afuera un huracán arrecía con fuerza contra todo y todos. Esa vez que cocinaste por primera vez una torta de auyama. Aquellos días de cortejo impertinente mucho después de la universidad. Te seguiré queriendo así dormida me empujes afuera de la cama. Hasta que masquemos el agua y todo el cuarto huela a pastillas. Porque mira chica, cada vez que me levanto del suelo para volver a tu lado y te veo roncando entre dormida, me da mas ganas de seguir enamorándome de ti.


Brindo por los días difíciles, porque son esos en los que más lucharemos juntos. Brindo por los ciento cincuenta bloques que levantamos juntos para hacer un techo y darnos sombra.  Brindo por el viagra que me ayudara en unos treinta años a mantener mi hogar tranquilo. Y que le valla el doctor a llorar a mi mujer insatisfecha con esos cuentos de ike hipertensión arterial, porque mira hombre, el vino entre más años, mejor. Brindo por todas las calenteras, besos y arepas que harán fiesta en todos los almanaques de aquí en adelante. Brindo por seguir siendo para ti, tu mejor avión de combate. 

Y por sobre todas las cosas alzo mi copa mujer, porque aunque yo no crea mucho en Dios, sé que cuando él no caminó a mi lado por el valle de la sombras...

 Tú si lo hiciste conmigo.   

       
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La Última Balada de Babilonia



A Maily Sequera, Santiago Acosta y Mari Ocando.
Nunca supe hacer música; esta es la única canción 
que al menos hasta hoy he podido cantar. 

Estamos al medio de una concentración política con al menos unas catorce mil personas más haciendo vibrar todo el viaducto Campo Elías con una euforia apocalíptica. Hay gente en los techos de las casas, de los edificios, de los postes de luz, de las tarimas, platabandas, autos. Muchos encaramados uno sobre otros y los demás apretujándose bajo el sofocante calor asesino. Pasan gente desmayada he inconsciente de un lado a otro, entre  brazos  descocidos que gritan y empujan violentamente, pidiendo paso y agua, nadando caribes dentro de la marea animal.

Los militares –no tardé en reconocer a uno de los oficiales, como irónicamente un expunk al que le decían algo así como “Chosty” en la calle-  desde lo alto imparten órdenes: mandan a las personas a apartarse o extraen a los desmayados de la marcha para colocarlos en la tolva de un camión tres cincuenta donde unos paramédicos los intentan reanimar abollados y nerviosos. Algunos despiertan aturdidos, otros vomitan de golpe y otros al reanimarse se vuelven a lanzar al mar de gente sin dar ni siquiera las gracias. Desde donde estoy veo a una niña vestida de llanera moviendo alegremente su vestido del color de la bandera de Venezuela en una de las tarimas culturales. Sonríe y aplaude, batiendo el amarillo azul y rojo de un lado al otro. Observo luego al Albarrejas, que por debajo del puente es una vena polvorienta de luz blanca.  Tú, mujer,  estas sobre el techo de un auto destartalado, desenvainando tu bazooka de la Canon para capturar los catorce años de la fe roja, en masa y apogeo perfecto. Acepté acompañarte, porque me juraste que y de verga habías echo en tu vida la cola del banco y necesitabas hacer un registro fotográfico del acontecimiento histórico más importante del momento. Disparas flashes directo al tarima mientras te sostengo desde abajo tomando tus caderas. De repente se detiene toda la música. La gente grita y masculla consignas populares, ebrios de una gloria que no les pertenece. Pasan dos helicópteros sobre nosotros y la gente los señala emocionada. Se enciende de nuevo la música al volumen de un turbo yet con el eslogan de campaña y aparece de golpe el candidato presidencial sobre la tarima, blindado y escoltado. Todas las personas se desbocan violentamente hacia el escenario para querer tocarlo, como si sus manos curaran el cáncer. La gente llora, grita y alza a sus hijos sobre sus cabezas. Comienzan a empujar el auto donde estas parada, te resbalas y caes. Te sostengo de inmediato entre mis brazos, mirando tus enormes ojos ambarinos y asustados mientras se escuchan los gritos y plegarias de todos a nuestro alrededor.

– ¡¡¡¡Como esta méridaaaaaaa!!!!!-

Grita el Candidato Rojo.

Yo te aparto con fuerza del camino de la estampida y -sin importarme que el mesías al que le reza la mitad de este país este a veinticinco metros de nosotros- te beso de golpe y sin previo aviso. Porque cariño, entre esas catorcemil personas que vibran como un corazón de hormigón coagulado, para mi solo existe un espacio entre mis ojos y los únicos que calzan perfectamente en este momento son los tuyos.

-Los países de Latinoamérica solo progresaran cuando aquello que llaman democracia deje de medirse por el populismo ortodoxo y salvaje. Cuando la gente crea en si misma y en las instituciones que construye sin ayuda del neo-caudillismo arrastra borregos. Cuando deje de medir esa democracia en marchas multitudinarias y mítines agresivos, cuando el ciudadano vea que importa él como líder de su propio destino. Cuando se de cuenta de que un solo hombre, uno solo líder no es un pastor con bastón guiando a ventiseis millones de nosotros, a punta del odio que le tiene a la otra mitad del rebaño. Cuando dominemos cada rincón de nuestro propio pensamiento, y no dejemos que más nada nos aliene uno contra otros. Y seamos libres, verdaderamente libres. -  culminó violentamente  Azuaje “El Pollo” Garrido, un viejo anarkoreaccionario al cerrar su presentación PowerPoint con un clic sobre una laptop astillada. En la última diapositiva proyectada en la pared, se veían imágenes de disturbios europeos con frases de V de Vendetta escritas sobre ellas en rojo, antes que se convirtiera en un top-icon hace ya varios años atrás.  Aplaudimos lacónicos y desordenadamente sentados sobre sillas de plástico un mínimo de seis asistentes a la presentación anarquista del Pollo Garrido. A unos breves cinco metros de nosotros estaba sentada una hippie aburrida y desgreñada sobre una sucia mesa de madera vendiendo braunies con marihuana, comida vegetariana y agua de panela con limón.  En otro par de mesas a la izquierda, un carajo tatuaba a un tipo  enorme que le truequió una maquina para serigrafía por unas rayas en los brazos. Y justo al lado de ellos, un par de carajos vendiendo camisas del ché, y los Xploites consumiendo popper y escuchando Oi, mientras al frente un grupo de niños skaters escarbaba sobre un tarantín de panfletos fotocopiados.

Esa noche en la entrada de Biroska, las palabras del Pollo Garrido resonaban fuerte en mi mente mientras estaba sentado en la acera al lado del Chosty -un yupie-punk de cresta alta, casa en belenzate y suficiente plata para aspirarse la panamericana en coca- soñando despierto con la utopía necesaria. Chosty sacó una bola de papel aluminio full de polvo blanco y armó una línea de perico para él sobre una tarjeta de teléfono y luego la aspiró con fuerza.  Después hizo otra para su noviecita adolecente con el cabello rosado pintado con papel crepe y agua oxigenada; que aguardaba enamorada rascándole suavemente la parte trasera del mohawk. Los patéticos punks siempre tienen grupies sacadas del bachillerato más colegial. Sequitos de flacas y lánguidas chamitas que impresionadas por sus malabares con fuego en los semáforos más famosos del pueblo, aportan el virgo a la más rebelde gonorrea. Yo siendo abstemio, nunca he consumido nada. Aunque puedo asegurar que ninguna vez cuestioné los procedimientos junkies de nadie que no amara. De esa manera, siempre pude mantenerme tranquilo entre las dulces montañas blancas de los que combatían el sistema inyectándose desinfectante. Alguien pone curasbún desde un celular que suena mal. La madrugada andina golpea con sus diez grados en la cara.  Toda la comparsa anarquista tiembla bajo un húmedo y triste pórtico. Gastándose todo el futuro en drogas, gasolina y estupidez atorrante. Mierda  inservible.  Se nos llega la policía, corriéndonos a patadas sin antes matraquearles la droga como a tres del grupo.  Nos mudamos a otra plaza abandonada a seguir bebiendo. Plaza, donde el maldito de Chosty turnó a su drogada novia para que felara y ordeñara a otros dos de sus amigos con crestas; detrás de un contenedor de basura hasta el tope de desperdicios. Mientras yo gravemente borracho en el pasto -junto a otros cuatro pajudos- me quede profundamente dormido sin poder evitarlo por al menos dos horas. La desesperada adolecente de pelo rosado me despertó llorando ya a eso de las cuatro am. Gritándome asustada que le pidiera un taxi, el cual detuve atravesándome en el medio de la vías. Los otros punks lo único que hacían era reírse y empujarse entre las cajas de un pollera cerrada, lanzándose botellas y latas unos a otros. 

Jamás volví a una "Convención Libertaria".

-Las estelas blancas de las lacrimógenas pintaba el cielo sobre nosotros al ser detonadas por policías desde motos en movimiento. Nos ocultábamos tras las paredes esperando la arremetida para responder con fuerza.  Depende del ángulo con que se dispare la bomba, la forma en la que se desplazaran en el aire por determinada cantidad de metros. Los más lejos que llegan, son unos sesenta y cinco metros casi setenta. Un molotov debe lanzarse desde más cerca para que sea efectiva, igual que una piedra, con el ángulo más alto que se pueda incluso si vas corriendo.- historias y estadísticas que repito constantemente (junto con los ingredientes para hacer explosivos caseros y tácticas de guerrilla urbana) cuando debato mi contracultura, intento impresionar a alguien o  me siento acorralado por la convencionalidad de la realidad y todas sus conversaciones kardashians de oficina. Un ejercicio de reescritura que no puedo dejar de hacer, resaltando todas las escenas heroicas posibles y omitiendo todas las vergüenzas suprimidas a la fuerza de mis recuerdos.

Porque cuando las estelas blancas de las lacrimógenas pintaban el cielo al ser detonadas por policías corriendo en carga por la avenida, a nosotros ya no nos quedaba nada más que lanzar. Habíamos volteado un pequeño corsa y yo arrecostado a la trasmisión del carro abrazaba un bate de aluminio intentando recordar como empieza el padre nuestro. Tenía la mitad de la cara llena de mentol chino para que no me afectara el gas y una pañoleta negra que me regalaron de cumpleaños tapándome la cara. Las motos de los radicales de izquierda pasaban veloces en círculo a los bordes del peo y se escuchaban detonaciones de metralleta a lo lejos, como los ladridos de cientos de perros asesinos. El pana que estaba al lado mío se había desmayado. Vi de frente como desde la retaguardia, venia un grupo de varios manifestantes corriendo con piedras pequeñas para lazarlas hacia la policía. Sobre nosotros que agachados nos veíamos mínimos detrás del auto. De repente, uno de los chamos -que acaba de llegar con ese grupo lleno de furia- cae al suelo gritando como si le acuchillaran. Se lanza al lado mío pegándose también al corsa dando agresivos alaridos. Soltando de coñazo el bate voy a ver que tiene en la cara. El chamo se la agarra desesperado entre un borbotón de sangre oscura.  Al quitarle la capucha lo reconozco: es Américo, un pana que juega pool con nosotros después del trabajo a que lo árabes. Cuando poco a poco retiro su mano con cuidado para mirlarle a herida; de su ojo derecho sale muchísima sangre vinotinto y burbujeante.

Se lo acaban de vaciar completico con una metra disparada desde la policía.

Nervioso me quito la pañoleta y se la pego en la cara.

En la pared más cercana comienzan a estallar los bloques del muro con un zumbido de rebote.

– ¡Francotiradores! ¡plomo! ¡Todos al piso!- grita alguien y todos se lanzan al suelo mirando directo a los techos de las residencias cercanas, con miedo a convertirse en próximo mártir estudiantil. Me recuerdo abruptamente, en la entrada de unos chinos agarrado de la mano de mi hermanita pequeña. Viendo como mucha gente entraba y salía casi corriendo con montones de bolsas y compras nerviosas. Mis Padres adentro haciendo mercado a velocidad luz y temblaban pagando los víveres en una amotinada cola en la única caja disponible. Mi hermanita me apretaba con fuerza la mano derecha. Pude ver como dos cuadras mas allá la gente empieza a correr por las callejuelas cercanas, escapando de un lejano humo blanco y de un montón de encapuchados que saqueaban una famosa tienda de ropa. Las manifestaciones en esa época llegaban hasta el centro de la ciudad. Y luego del Golpe, los último en apagarse fue los andes. Mi hermana comienza a llorar y yo le sigo con fuerza. Lloramos a moco suelto viendo a gente correr cuando en cuestión de milisegundos nuestros padres aparecen y nos toman cargándonos junto a las bolsas de mercado y metiéndonos en el carro velozmente. De una vez, mi padre pica caucho agarrando por las calles directo a la montaña lejos de la ciudad. Me encuentro llorando tal cual ese día en ese momento.  Lloro mientras suenas los perdigones y el cielo se oscurece llamando lluvia. Lloro como ese niño pequeño frente a los chinos, ahora fundiéndose con la trasmisión de un carro volteado intentado limpiarle la sangre de la cara a un chamo que posiblemente quede ciego. Lloro mirando como salpica el cemento por tiros que nadie puede ver de donde vienen ni a donde pegaran. Alguien encapuchado me toma por el cuello y me grita histérico que saque a Américo del disturbio. Agarro al carajo herido semiinconsciente, halándolo con fuerza para que empiece a correr conmigo avenida arriba lejos de todo, donde podemos llamar una ambulancia. Medio volteando al correr veo que los policías también empiezan a marchar trotando hacia los manifestantes y al fondo de la avenida va llegando una Ballena antimotines. Corrí halando al chamo hasta lo más lejos que pude, a donde una chama líder que no conocía y otro poco de panas que llamaron a los bomberos para que lo vinieran a buscar. Mi pecho no funcionaba bien. Estaba completamente mareado y terminé por vomitar detrás de un árbol entre arcadas y sollozos, blanco como una lapida.

 Nada de esto salió por ningún medio de comunicación nacional. Nada de esto pasó para el resto del país  alguna vez. Realmente nunca existimos. Elaboré un correo esa misma noche y se lo envié a todos los grupos que servía de corresponsal anarquista y renuncié. No quería saber nada de Argentina, de Francia, de Grecia, de Turquía ni que se estaba tramando para Egipto y medio oriente. No volvería ha hacer una molotov nunca más en mi vida. No seria participe, ni estaría en el épico y maligno fresco ornamentado por los de arriba con el derramamiento de la sangre de de mis hermanos y hermanas. No ayudaría a seguir desangrando mi país y a mi continente. Desde ese día – hace cuatro años ya- jamás volví a estar en un disturbio. Escupí sobre grueso el dinero que te puedes ganar lanzando piedras, proveniente del lavado automático de dólares que administran los cerdos pelones que manejan los hilos. Y zurcí definitivamente mi boca, con la trivialidad mierdera de cualquier underground silvestre, jurando no hablar ni escribir sobre esto nunca más.

Hace tres días acompañando a mi madre a hacer compras nerviosas – Ya que en la calle se corren los rumores de muertos, bolsas negras, terrorismo y paranoia post-electoral-  observé al pagar, que quien empacaba y embolsaba al final de la caja, uniformado ridículamente por el supermercado, era nada más y nada menos que Américo. Me miró fijamente sin decir nada. No pude aguantar su mirada mientras empacaba la carne, la leche, los productos de limpieza. Su ojo de vidrio era azul celeste, fijo y con un leve estrabismo. Tenía cicatrices donde salpicó la metra al explotar en su cara. No lo había visto más desde ese triste día. Al terminar de embolsar, me realizó un leve gesto como asintiendo algo. Se lo respondí de igual forma. El nudo que amarró en la bolsa de mercado, se trenzó igualito en mi garganta cuando al pasarle cinco bolívares de propina, su ojo de vidrio y demás cicatrices, me hicieron concluir que dos décadas no nos han bastado para sacudirnos el miedo.

-Cuando termino la Guerra Fría y cayó el muro de Berlín mi generación se quedo sin absolutamente nada. Había acabado la era de la muerte inminente por armas nucleares, la de la lucha ideológica, la del Armagedón inevitable. Toda mi generación se quedo sin un piso de valores, sin una escala moral. El único mundo que conocía cambio radicalmente. Todo el sistema del planeta dio un vuelco de trescientos sesenta grados. En esta época existen cosas y avances que nuestra generación ni remotamente soñaba. Y allí es donde esta el detalle, joven Parra. El mundo se llenó de nostálgicos. De añoradores de una época que ya se fue. De una era que ya murió, con ideologías y modelos económicos que en su simple praxis llevaron al desastre a sus practicantes. De gente que no entiende que todo se acabó; de gente que aún esta en el velorio de la unión soviética, o en el bautizo del capitalismo darwiniano. Y déjeme decirle joven Parra, que no hay nada más peligroso en esta vida que un nostálgico. Y actualmente casi todos los que están manejando los engranes del mundo son grandes nostálgicos, que hablan y actúan desde la rabia más melancólica posible.- me dice taciturno el profesor Marco Aurelio desde su escritorio, dando un sorbo a su café y pasándose la mano por su cabello blanqueado por una mata de canas grises. Medito un rato el comentario del maestro y respondo luego con todos los recuerdos hechos hojillas entre mis dientes: – Quizás profesor, ese sea el problema de mi generación. Nosotros nacimos en la mitad del cambio. En el final del siglo.  Nuestros padres nos educaron y criaron con ese sistema de valores y el mundo en su devenir, nos enseño otro. Somos una generación en conflicto. Somos una generación con demasiada fe por dentro pero nada en que creer o seguir. Y por eso creemos y vamos fácilmente detrás de cualquier cosa. El disturbio real esta en nuestros corazones y lo intentamos mitigar con cualquier cosa artificial.  Es igual de peligroso, Profesor Marcos, luchar y vivir con una melancolía que no es nuestra y con una rabia que no nos pertenece- dije desviando la mirada hacia una de las ventanas.

Soñé que estaba al borde del acantilado ubicado en la curva de la carretera justo al frente de mi casa en la montaña. Desde la posición en la que encuentro, puedo ver toda Mérida, desde el centro de la capital hasta más allá de Ejido. Detallo con calma la ahora enorme urbe completamente explayada sobre la colosal meseta antigua a los pies de una cordillera eternamente nevada. Balanceo los pies al vacio y saco de un envase plástico un sándwich de mortadela. En diversos puntos de la ciudad sale grandes nubes de humo negro que enturbian el cielo con grandes remolinos. Se escuchan disparos, sirenas y explosiones que emergente de entre grandes llamaradas que se ven destellar antes de escucharse hasta donde estoy sentado. Veo como en lo más alto de la bóveda celeste se deslizan unas pálidas y delgadas líneas blancas. Parecen echas de luz, son de seguro “la voz de dios” pienso.  Las líneas se mueven a gran velocidad en muchas direcciones con una trayectoria fija y una de ellas parece ir directo a la ciudad. Desciende en picada, silenciosa, la muerte en mute sobre las montañas. Me colocó los lentes oscuros y doy un mordisco al pan. Veo como la partícula de destrucción atómica está llegando justo al centro de Mérida y varios kilómetros antes de llegar a suelo, estalla.

Todo se vuelve blanco.

Despierto de golpe, mi garganta me arde y todo se ve turbio en mi cuarto. Me levanto abruptamente -solo en chores y sin camisa- y colocándome los zapatos a gran velocidad escucho aturdido que afuera de mi apto alguien corre y da voces. Son las dos y media de la mañana cuando abro bruscamente la puerta, encontrando todo mi apartamento full de humo negro. Mi hermana en la sala mueve un balde enorme lleno hasta el tope de agua, y apenas me ve me grita: -¡David, baja apagar el incendio de la calle que va a agarrar candela en edificio!- yo sin poder ver nada por el humo, corro y agarro el tobo mientras ella abre la puerta de la casa. Bajo corriendo tres pisos, aparto la puerta semiabierta de la calle y salgo a la avenida. Como unos trescientos kilos de basura provenientes de todas las cuadras centrales y distribuidas en las dos esquinas principales que dan con el edificio  - que por cierto llevan más de dos semanas allí- arden con unas llamas de casi tres metros. Lamiendo el aviso de lona plástica del enorme negocio de zapatos que funciona debajo de donde vivo, doblando por el calor las débiles santamarias. Unos quince travestis con los tacones en la mano corren calle arriba pegando escandalosos gritos de pavor. Voy al primer montículo de desechos incendiados y le lanzo el agua. Trago humo plástico y toso de golpe, tapando mi cara con mi muñeca.  Otros dos vecinos vienen detrás de mi, con más baldes de agua que voltean de una vez sobre las llamas. Subo y bajo corriendo unas cinco veces más, hasta que me dicen que no hay más agua en todo el edificio. Bajo con el último balde y se lo volteo a unas llamas que no desean apagarse. Llegan dos patrullas de policía y los agentes se bajan apuntando sus pistolas y pegando a todos los extravagantes transfors contra la pared de la catedral. Interrogan he insultan sin creer en nadie, ni prestarle atención a los lloriqueos intensos de los desesperados hombres puta.  Llega también lentamente un camión enorme de bomberos, que se estaciona y acciona su manguera contra el fuego. Yo respiro con dificultad y mi aliento se transforma en vapor cuando sale de mi boca mientras el frío me eriza el cuero desnudo. Aprieto tan fuerte la manija del balde que me hago heridas con las uñas en la palma de la mano. No pudimos entrar en nuestras casas sino hasta casi las cuatro de la mañana esperando que se fuera el humo toxico. Desde el pasillo podía ver en el interior de uno de los apartamentos vecinos donde por el susto alguien había dejado la televisión encendida. Medio oriente como amenaza nuclear inminente en nombre de Alá el grande según las naciones unidas. Guerra entre países ultrasofisticados con armas autotripuladas frente a grupos tribales con pistolas y bombas de fabricación casera. Escapes multimillonarios de líderes presidiarios de las infernales cárceles criollas auspiciados por actrices operadas de la televisión nacional. narcoguerra, narcoviolencia, narcocultura. Disturbios en cinco o seis partes del mundo al mismo tiempo. Salvadores mesiánicos y cocainómanos en campaña frente a millones y millones de personas, en diferentes estados desde hace cuatro meses prometiendo un futuro que manará solo de la leche de sus cojones. Pornomiseria. Fe ciega. Daño colateral. Estrenos y estrellas.

-En estos tiempos tan oscuro joven Parra, es mejor quedarse uno con lo suyos y cuidarlos celosamente sin dar cuartel- Dice el profesor Marcos, recogiendo su maletín y guardando los libros en su interior junto con varios lapiceros. – Es mejor así, disfrutarlos y amarlos sin ninguna clase de impedimentos. Recordar estar siempre alertas, porque uno no sabe muchacho; cuando el fin llegará y te agarrare sin aceite en la lámpara, como dice el evangelio-

Te separas lentamente de mí y sonriendo me miras con ternura volviéndome a besar profundamente y con más ganas.

Un mar amarillo de gente, vibra en la avenida don Tulio Febres Cordero. Alzando banderas, pancartas y gritando multitud de consignas. Grupos de paramédicos cargan en varias camillas a la gente desmayada fuera de la concentración. Desde aquí puedo ver que en la tolva de un camión con un sonido gigante, un pequeño niño se esta dibujando él solito la bandera de Venezuela en los cachetes con pintura de dedos. Sus manitas brillan con el amarillo azul y rojo. Aplaude salpicándolo todo. La gente inunda las azoteas, los techos, las ventanas, los postes, los autos. Lloran y gritan bajo un calor asesino de medio día. Se apretujan y empujan queriendo acercarse más a la tarima. Pasa un helicóptero sobre la marcha y todo señalan el cielo. La música se apaga de golpe y las consignas no tardan en escucharse. De repente la música se enciende de nuevo al volumen del despegue de un cohete espacial, y aparece segundo candidato presidencial. Estalla una explosión de papelillos, lanzan globos, disparan fuegos artificiales. Nosotros nos aparatamos - habiendo aprendido que hacer en la otra concentración- cuando unas catorce mil personas ebrias de una gloria ajena, se abalanzan en estampida con una euforia apocalíptica. A querer tocarlo, como si sus manos curaran el cáncer.

  – ¡¡¡¡Como esta méridaaaaaaa!!!!!-

Grita, el Candidato Amarillo.

Eres una ametralladora fotográfica capturando el apogeo del otro extremo de la fe política en su máxima expresión. Y mientras el joven mesías, al que le reza la otra mitad del país esta a unos treinta metros de nosotros, yo introduzco mi mano entre tu pantalón rosando el tremendo culo que tienes, elegantemente adornado con encaje. 

– Para la próxima yo escojo el lugar ¿si va?- te digo susurrándote al oído.
-¡Mira! ¡le van a dar un Perrito!- es lo que respondes emocionada.

La gente aún más emocionada que tú, no permite ver nada.

Me das la cámara y me haces trepar la reja de un liceo donde ya no cabe un alma arriba. Trepo torpemente y cuando consigo un ángulo aceptable, apunto con la cámara, metiéndole casi todo el zoom posible. Un hombre de mediana edad vestido con una franela estampada con la cara del candidato, alza a su hija pequeña, que a su vez sostiene un perrito andino. Reconozco inmediatamente al hombre que carga a la niña: Es Azuaje “El Pollo” Garrido. Su sonrisa parece inducida por hipnosis. Como si le estuviese viendo directamente la vagina a Dios.

Bajo lentamente y te enseño lo que logré capturar difícilmente colgado de las barandas.

-¿La próxima vez puede ser una Pizza o algo así?- digo acercándome a tu boca, cuando reflejándome tus ojos, siento que no hay espacio para más nada en ellos, que el reflejo de los míos.




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Jenna Jameson y la Esfinge.


El viejo Junnior subastaba las Playboys del noventa y ocho ya a las dos y cuarto de la tarde, cuando estaba a punto de cerrar el quiosco y el sol hervía el cielo matando de calor a todos los zamuros. Una parvada enorme de hombres adultos, ancianos y jóvenes, cubiertos de tizne o cemento -por los diferentes trabajos a los que se dedicaban- sentados cómodamente en la acera; abrían de par en par las revistas con los ojos tan grandes como platos. Yo conversaba con Marcelo, un anciano semi-pelón que con los pocos remanentes de cabello que le quedaban, se hacia una cola de cabello canosa que caían sobre la guayabera azul, full de  arenilla roja.

 -Pamela Anderson, eso si que es una mujer, chamo. La Babywach
Me decía abriéndole un hueco con sus sucias uñas a un largo pan canilla, para luego vaciarle en el interior una Coca-Cola de lata. – quien no quisiera tener, una mujer como Pamela, que le de a uno lo suyo todas las noches- dijo absorto mientras miraba entre un montón de arbustos de cayena tapizados por bolsas negras de basura rebullentes en moscas. Yo no le contesté nada, abrí mi lata de Frescolita observando como todos esos tristes perros truequeaban dulcemente revistas porno a precio de gallina flaca.  Llevo más o menos de cuatro días con el mismo dolor de cabeza. Como si una maldita araña mutante se me hubiese metido en el oído mientras dormía y me hubiese puesto una camada de huevos en mi hemisferio derecho del cerebro. Recuerdo las ultimas fotos que me enviaste desnuda al correo. Son el mejor analgésico que pueda existir en el mundo. 

Doy un sorbo a la lata. 

De repente se forma una trifulca de padre y señor nuestro.  Un chamín que trabaja pegando bloques en lo que será un nuevo almacén chino en la avenida universidad se disputa una revista -donde la portada es Jenna Jameson agarrándose las tetas- con un indigente colombiano perteneciente a la recientemente abierta “brigada de Amador” que recluta gente en situación de calle para que barran y limpien las calles por comida y cobijo.  Estaban a punto de irse a las manos, cuando otro borrachito de temple alegre y acento tachirense se levanta y dice: 

- Se quedará con la revista; es más y con las mías, aquel que me responda estas adivinanzas-  

Todos los hombres ríen a carcajadas, lo manda a callar y le gritan.

-¡Silencio! ¡Silencio! – Vuelve a decir en tono melcochado y ceremonial el hombre- Si son todos caballeros, cultos, e inteligentes aceptaran el reto. Es más, les daré las mías también- y levanta sus revistas -Y a los que le pueda interesar también tengo esto-  y rebuscando en su mugriento paltó saca una bolsita con picadillo de marihuana.  Todos discuten entre gritos la propuesta del latero.

-¡Dale pues Cachafloja!- grita el Viejo Junnior - ¡tíratelas de Eladio Lares pues!-

Todos los malditos, hacemos silencio absoluto. El hombre a pesar de su indigencia, se nota, por su manera de hablar que en algún pasado fue alguien muy culto. Que seguro por la bohemia y las drogas termino en la calle, no va a estar fácil. Sonrío. Esta me las ganó yo ajuro. Antes de cumplir el turno de almuerzo para entrar a trabajar otra vez en el almacén.

-¿Que reina antigua perdió todo su imperio en una noche de pasión con un capitán romano?-

Todos pensaron por breves segundos.
-¡Cleopatra!- grite después de dar un sorbo a la Frescolita.
-¡muy bien muy bien!- dijo el borracho, mientras se agachaba haciendo una reverencia y aplaudía tres veces. –Primera de tres. Va la siguiente-  Todos me miraron con odio.

-¿Cual es el nombre de la constelación, que con tres estrellas forma el cinturón de un dios?-

Todos se arrechan y lo abuchean.

-¡Quien mierda va saber eso!-  es el grito general.

- ¡El Cinturón de Orión!- respondo con una seguridad implacable.

-¡Ajá! ¡Hay un sabio entre nosotros!- dice el hombre con un tono místico- solo queda una pregunta. Si alguien la responde, habrá otra ronda, pero si el cabezón aquel vuelve a responder se lleva todo. Lo que es bueno para el pavo es bueno para la pava.-       
Todos hacemos silencio. De seguro esta será la pregunta más difícil.

-Albert Einstein…- comienza.
 Todos gritan, abuchean y lanzan latas al carajo apenas comienza para detenerlo.
-¡¡Sssssssshhhhh!! Shhhhhh!! ¡Albert Einstein!- grita el interrogador – para callar a los hombres artos de tanta preguntadera. –Albert Einstein, como es bien sabido, invento la ley de la relatividad…- Continuó, ya cuando todos se cansaron de pitarlo. – Esta ley es sobre la que se explica el universo, ¿Cual es la ley?- pregunta mirándolos a todos, escrutándolos con sus ojos saltones y rojos.

Yo coloco la lata en el suelo.

-E es igual a Mc al cuadrado-  contesto sobrado y sonriendo.

-¡¡¡Bravooo!!!- grita el hombre – ¡tenemos un ganador de las sesentaicuatro mil millones de lochas! – Y mientras hace la música fanfarria de Venevision y aplaude con fuerza, me comienza a pasar las revistas. La de Jenna Jameson, las de él, y otra que nadie había querido porque las mujeres estaban demasiado peludas. También, me pasa la moña de monte. Todos reniegan antes de volver irse a trabajar y siguen truequeando cucas, tetas y culos ahora arrancando las páginas para ahorrar trabajo.

Dos y treinta y cinco minutos.

Le paso la moña de picadillo a Marcelo.

-¿Chamo, y tu que es lo que estudias? – me interroga.
- Letras- contesto indiferente,  mientras me pierdo en los ojos de Jenna.

-Coño, entonces si te a servido para algo viejo- y enroló en una hoja de revista -donde se veía una vagina muy grande- el monte ligado. Y luego de encenderlo miró otra vez como hipnotizado por las moscas azules, a los arbustos de cayenas tapizados de basura. 


   
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Post-It #004



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Aludidos.



Que sabroso es hablar de prostitutas
       Ron, micropuntos y crippy
mientras suena música europea en una tagüara bohemia
            -Burbuja Gigante de Cobalto-
llena de epígrafes y  citólogos compulsivos
que te miden el coeficiente matemático
preguntándote cuantos kilos de libros
pasaron por tú hipermetropía.

creo que te seria mucho más fácil colega
hablar de putas, burdeles y avenidas
si tuvieses alguna hermana o hija tuya
siendo apaleada por los puños y la leche
de cuanto taxista, busetero, cura o maldito 
pagara misógino, el precio de la carne molida.

Al menguar la cerveza y la noche
los vez chapeándose como alguaciles gubernamentales
con los galardones literarios que adornan sus neveras y mesas al lado de la cama
No entiendo cuando los premios pasaron a medir el talento
No entiendo cuando esto se volvió el Miss Venezuela

Al hablarme de drogas puras y duras
-Como dragones blancos surcando un cielo de vidrio-
Con una mueca de impotencia difunta
me remito directo a Elizabeth.

Amiga mía y de la calle
Que por jugar a mantener
                                             su versión Skins de Salserín

la sacamos de un baño en Mcdonald
con la mandíbula apretada destilando espuma
         los ojos volteados
 y sin ningún pulso en la jeringa.

Es sabroso ver este arte
como un Remix Pitbull de algún disco de Montlie Crue
pero déjame decirte con todo respeto
esto no es una película americana
fábula de adolescentes rebeldes gastándose todo el mañana
                          
                            #SexDrugsAndRocanroll

Esto colega
Es el puto mundo real.